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lunes, 12 de diciembre de 2011

Bizancio: el imperio que nunca existió



Una de las cosas que más fascina de la Historia del Imperio de Bizancio es que... jamás se llamó así, de hecho el "Imperio bizantino", jamás existio, lo que existio fue la antigua polis de Bizancio, trasnformada en capital romana y ciudad romana -el nombre oficial completo era "La Nueva Roma que es la ciudad de Constantino"- por Constantino I, con Senado incluido.

Dos ejemplos de éxito propagandístico

Posiblemente haya más casos, pero tan vistosos como este son pocos. Puede recordarse, así, dos casos en los que la propaganda medieval ha perdurado hasta nuestros días. El de los templarios y el de la Roma de Oriente.

En el caso templario la desinformación, la calumnia y las leyendas inventadas por los juristas -y los dominicos- al servicio del rey Felipe el Hermoso de Francia propicio no solo la aniquilación del Temple sinó... la aparición de todo tipo de fábulas -unas esoterizantes, otras no, pero todas absurdas- sobre el antiguo Temple y, también, favoreció el surgimiento de tantos extraños grupos de "neotemplarios".

En el caso del Imperio Romano de Oriente, todo deriva de la época de Carlomagno, cuando el Papado, en connivencia con la dinastía usurpadora del trono de los francos, se inventó el falso documento de la muy falsa "donación de Constantino", por la cual se autoatribuía la capacidad de nombrar "emperadores romanos" -y, de paso, se adjudicaba una buena porción de Italia-. Se precisaba, entonces, deslegitimar al... único emperador y único Imperio romano verdadero, así que comenzó a llamarsele "Imperio griego" y a su monarca "rey de los griegos", pero el "Imperio bizantino" jamás se denomino a si mismo ni "griego" -pese a usar dicha lengua- ni "bizantino", se llamaba, muy significativamente, Basilea ton romaion... 

De menosprecio a convención

Así, en realidad, el nombre "Imperio bizantino" tiene su origen en la propaganda del papado romano y de la Cristiandad medieval occidental y, posteriormente, se perpetua a través de la tradición y convención historiográfica.

Pero cualquier autor que conozca algo el tema sabe que se está hablando del... Imperio romano, sin ir más lejos, Edward Gibbon, en su obra,"Las causas del auge y la ruina del Imperio romano", así lo reconoce y extiende su obra hasta la toma de Constantinopla en 1453, cuando cayó en poder de los otomanos y le dieron por nombre... Istanbul. 

De donde deriva el nombre Estambul

Cuya etimología proviene de la fonética de una frase griega, gritada por los habitantes de la ciudad cuando los turcos atravesaron las murallas de Constantinopla, esa frase era "eis tin Poli(n)" que significa "hacia la ciudad", no obstante, otra hipótesis, menos dramática indica que ese mismo nombre hacia referencia a un puerto cercano a la ciudad, y, por tanto, ese "eis tin Poli(n) solo siginificaría... la proximidad del transito naval a Constantinopla. 

Sea valida la versión que sea -la épica o la toponímica- lo cierto es que hoy en día el nombre oficial de la ciudad es Istanbul o Estambul, y que ese nombre deriva de la frase "eis tin Poli" (στην Πόλη), lo que en griego significa "hacia la ciudad", "en la ciudad" o, bien, "a la ciudad".


Jorge Romero Gil 


domingo, 11 de diciembre de 2011

El Imperio bizantino a mediados del siglo XIV



Hacia mediados del siglo XIV EC (Era Común), el Imperio bizantino encontraba su existencia gravemente amenazada, al punto de parecer inminente el colapso -en realidad, diversas circunstancias hicieron que su agonía durase un siglo más-. .

Las amenazas eran tanto internas como externas. En el interior la organización de la pulcra y estandarizada sociedad bizantina había declinado a una situación caótica, no menos caótica que la cuestión de quién se sentaba en el vacilante trono del antiguamente poderoso Basileus de Constantinopla. En el exterior las luchas con sus vecinos eran incesantes, y, en general, iban marcadas de derrota en derrota.

La amenaza exterior

En 1355 EC muere el rey de Serbia Esteban Dushan, que, en 1346 había reclamado el título de emperador de Constantinopla, y amenazado al Imperio Romano de Oriente durante casi una década, esta muerte da un ligero respiro a la frontera occidental del muy debilitado Imperio.

No obstante, en Oriente, desde la victoria del primer sultán otomano, Osmán I, sobre las fuerzas bizantinas en la batalla de Nicomedia, en el año 1302, las fuerzas turcas habían avanzado sin cesar arrebatando a los bizantinos sus últimas posesiones en Asia Menor. El hijo y sucesor de Osmán I, el sultán Orhán, toma Nicea en 1331, y Nicomedia en 1337, esto era un fuerte golpe para el Imperio, considerarlo, no obstante, más allá de eso, seria inexacto, dado que dichas ciudades era de gran importancia, sí, pero su conquista no es mucho más que el colofón de la expulsión del Imperio de sus territorios asiáticos.

Lo más grave de dicha conquista era, en todo caso, que dicha Nicea y Nicomedia quedaban muy próximas a la propia Constantinopla, a lo que cabe añadir otro factor moral: Nicea había sido la cuna de la dinastía paleóloga -la reinante hasta el fin del Imperio- y el centro desde el cual se había recuperado minimamente Bizancio tras la debacle de la cuarta cruzada -que en lugar de dirigirse hacia territorio musulmán tomó por asalto Constantinopla en 1204, de hecho, esa herida, fue la primera puñalada que ponía en riesgo la existencia del milenario Imperio, y vino... del occidente cristiano-.

Con todo ello, en 1340, los turcos otomanos dominaban ya, prácticamente, la totalidad de Asia Menor.

Las luchas intestinas

En mitad de semejante situación, tras la muerte del emperador Andrónico III, en 1341, se produce una guerra civil por su sucesión. El trono del Basileus se lo disputan Juan V Paleólogo y su suegro Juan VI Cantacuceno.

Al final el arbitro será un viejo enemigo, el sultán Orhán, que arbitrará de la misma manera que había actuado respecto a Bizancio en Asia, esto es, a viva fuerza. Envia sus tropas a apoyar a Juan VI Cantacuceno, eso sucede en 1346, curiosamente antes había apoyado al bando contrario. Pero la actuación del sultán no es nada que deba extrañar, por el contrario es de lo más coherente, simplemente se dedicaba a debilitar al, ya de por sí, muy debilitado Imperio romano de oriente o Imperio bizantino.

En relación a los apoyos internos de Juan VI -que, en puridad, era un usurpador-, contaba con el soporte de la nobleza agraria -lo que quedaba de ella- y con el de los monjes y bajo clero. Por su parte, Juan V, era apoyado por el rey de Serbia, Esteban Dushan, la clase baja urbana y el alto clero. Si bien, en 1347, las fuerzas de Juan VI vencen a las de Juan V, el Imperio seguirá agitado por numerosas revueltas populares. En esa coyuntura sus enemigos exteriores siguen avanzando y conquistando posiciones imperiales, la situación sigue siendo caótica y, en 1354 Juan Cantacuceno es obligado a abdicar en favor de Juan V Paleólogo.

El dominio turco y el vasallaje al sultán

Con ese panorama ponen pie los turcos en suelo europeo, teóricamente como mercenarios al servicio de uno u otro candidato al trono, en realidad, esas tropas, siempre están al servicio del sultán, no deja de ser irónico que fuesen sostenidas por el moribundo Imperio. El recién restaurado Juan V se da cuenta de ello y, también, de que con sus solas fuerzas nada puede hacer para impedir que, los turcos, hagan en lo que quedaba de la parte occidental del Imperio bizantino lo que habían hecho en Asia Menor.

Juan V acude al papado romano en solicitud de ayuda -muy probablemente con la idea de que el pontífice influyese sobre reyes y señores occidentales para que enviasen fuerzas en su socorro, lo cual... no dejaba de ser otra forma de morir-, de todas manera el Papa se hace de rogar y no hace gran cosa, al menos nada que pueda impedir que las fuerzas otomanas tomen la importante fortificación costera de Tzympe, a tan solo hora y media de distancia -con los medios de la época- de Galípoli, que era el nudo comercial -y no comercial- que unía el Imperio bizantino y Occidente, pocos años después caerá la misma Galípoli.

El sucesor de Orhan, el sultán Murad I, toma en 1362 la ciudad de Adrianópolis, que era, prácticamente, el último bastión externo en el cinturón defensivo de Constantinopla. Además, Murad, instala en la recién conquistada Adrianópolis su capital, siendo ese hecho toda una declaración de intenciones respecto a lo que el sultán deseaba en relación a Constantinopla.

No obstante, el primer paso de...los últimos pasos, será obligar al emperador de Constantinopla a aceptar la situación de vasallo del sultán otomano. Aún faltará casi un siglo para el fin definitivo del antiquísimo Imperio


Jorge Romero Gil.


Bibliografía

Asimov, Isaac.: Constantinopla, Alianza Editorial, Madrid, 1982

Georg Maier, Franz.: Bizancio, Editorial Siglo XXI, Madrid, 1984

Gibbon, Edward.: Historia de la decadencia y ruina del Imperio romano, Ediciones El Aleph, 2000

Vasiliev, Alexander A.: Historia del Imperio bizantino, Editorial Iberia, Barcelona